jueves, 30 de junio de 2016

HIC SVNT DRACONES (parte 3) por Amaunet


Le llevó un rato alcanzar el lugar en el que Antea permaneció sentada todo el tiempo, asegurándose de nuevo la venda. Hiram había hecho un buen trabajo con el feo corte, y aunque tras aquella maniobra peligrosa escocía horrores, no se habían abierto los puntos que había dado con el material del kit de primeros auxilios Tauri que había sacado de su chaleco, y que de nuevo portaba con ella. Se apartó cuando la alcanzó su posición para dejarle un trozo de espacio en el saliente para que se sentara a tomar aire.

- Supongo que no es un buen momento para decirte que no me gustan las alturas.- Antea le miró arqueando las cejas.
- Eres piloto ¿Eso no es un poco raro?
- Soy muchas cosas… Y he dicho que no me gustan, no que me den miedo.
- Ah, ¿pero sientes miedo? Dado tu historial temerario, es bastante decepcionante.
- Intrépido, no temerario. Hay diferencia.
- Bueno, hay un trecho bastante grande de aquí allá arriba.- dijo señalando con la vista el pequeño menhir suspendido en el aire.- Si no quieres pensar en ello siempre puedes distraerte dando respuesta a mis preguntas.
- Prefiero las alturas a las preguntas.- dijo él mirando la hornacina y el espejo dentro de ella.

- Siento curiosidad ¿sabes? Si eres capaz de hablar varias lenguas muertas de la Tierra, y tienes conocimientos de mi planeta que sin duda son adquiridos de ella por algo más que por internet, eso me hace preguntarme muchas cosas. Incluido el hecho de que siguen sin salirme las cuentas respecto a formas de vida en una sala cerrada. Si doy por sentado que Shibila porta una larva, como Jaffa que es… Debíamos ser catorce las formas de vida bajo el Arzobispado, pero éramos trece.
- Primero me llamas viejo… y ahora pretendes que te abra mi corazón y te explique mis intimidades. Eso no es muy amable que digamos, y además soy todo un caballero. Jamás revelo nada a una dama hasta al menos la quinta cita.
- Oh venga, ¿qué puedes perder? Quizás no salgamos de aquí.
- Tu me metiste en esto, espero por tu bien que podamos salir, de no ser así no necesitarás saber cuantas larvas he portado, porto o portaré. Te arrojaré desde arriba.- dijo tendiéndola una mano para que se pusiera en pie. Antea sonrió ante aquel comentario. Sin duda, hacia mucho que conocía a aquel Tok'ra y poco sabía de él. Era todo un misterio en sí mismo.
- Venga… Será un forma de distracción para evitar mirar hacia abajo.- dijo ella avanzando lentamente y calculando cada pisada que daba pegada a la pared del menhir con cautela absoluta.


Miró hacia abajo momentáneamente. Su larva actuaba con rapidez, pero no quería perder la ventaja. Debía alcanzar aquel espejo primero, antes que ellos. Una vez al otro lado ya pensaría como deshacerse de aquellas dos incómodas personas. Pero primero tenía que conseguir recuperar fuerzas. Volvería a usar sus armas para acabar con la amenaza, como fuera.


Antea e Hiram subieron despacio y con cuidado el estrecho camino. En varios momentos tuvieron que pegarse tanto al menhir y el escalón era tan pequeño que se vieron forzados a avanzar uno, y permanecer totalmente inmóvil el otro pegado a la pared, casi sin respirar, esperando pacientemente. Por ese motivo, avanzaban ahora por separado, primero uno hasta que el otro casi le perdía de vista en su avance. En ese momento se detenía para que el segundo avanzara. De esa forma, siempre podían verse el uno al otro todo el tiempo por si algo fallaba, o alguien les hacía fallar.

La subida fue bastante penosa y lenta, aunque continua. Antea oteó el horizonte, viendo el menhir de Mira suspendido en el aire. Ella era quién esperaba mientras él avanzaba en ese momento. Aquel lugar era toda una prueba de cómo dar la vuelta a la física que conocía. Y las vistas desde allá arriba era únicas. El color del cielo no había cambiado demasiado, seguía siendo un gris plomizo, pero era realmente impresionante poder apreciar todas las tonalidades de ese mismo gris, mezclado con el color anaranjado de la extraña lava que surcaba la base de cada menhir, así como de algunas zonas del terreno.

Estaban cerca, al menos ella lo estaba. Hiram avanzaba ahora mientras Lara esperaba que la alcanzara cumpliendo el plan de no perderse de vista en ningún momento, por lo que pudiera ocurrir. Antea veía ahora perfectamente el maravilloso reflejo que desprendía el espejo, debido a la extraña luz del lugar, dentro de la hornacina. Miró el terreno que quedaba, en un avance más alcanzaría lo más alto y tendría que decidir como alcanzar Mira y la hornacina, suspendida en el aire al menos cinco metros de distancia del Menhir en el que estaban. Ya pensarían en ello cuando llegaran.

- ¿Cuánto falta? - preguntó Hiram resoplando cuando la alcanzó. Antea le señaló con la mirada a Mira, suspendida muy cerca.
- Tengo menos claro como vamos a hacer para alcanzarla...
- ¿Coger carrerilla? - dijo Hiram sentándose en el borde de nuevo. Apoyó en un primer momento la espalda en la pared pero optó por no hacerlo segundos después, mientras se veía las piernas colgadas en el aire, en la estrechísima cornisa. Antea le miró momentáneamente al ver su expresión y ver cómo había cambiado de opinión en como colocarse nada más sentarse.

- ¿Estás bien? - le preguntó con cierto tono de preocupación. Hiram la miró.
- Perfectamente.- se limitó él a decir sonriéndola y mirándola, a la vez que su respiración se acompasaba al esfuerzo realizado para llegar allá arriba.
- ¿Tu larva te ayuda? - preguntó ella con seguridad.
- Está en ello.- se limitó a responder. Ella sonrió al escucharle.
- Entonces portas una...
- Los escáneres no fallaron Lara.- dijo él.- Ahí abajo, igual que aquí arriba hay un espécimen de menos.- Antea frunció el ceño, sin comprender del todo.- Si no hablo sobre mí, es porque no me gusta que se tenga una idea que con total seguridad es errónea.
- ¿Cómo se puede tener una idea errónea de algo, si no se tiene clara ni siquiera la idea? Si tu temor es que vaya a juzgarte por lo que eres...
- ¿Juzgarme? ¿Tú? No lo creo…Pondrás la mirada y ya, siendo tu.- dijo él.- Si te vas a sentir más tranquila podría contarte una historia muy antigua. Una que se remonta a un temible Goa'uld. Uno que arrasó vidas sin importarle más que sus manos manchadas de sangre y lo que conseguía con cada muerte tras ella. Uno que fue traicionado, que fue perseguido y torturado. Uno que buscó venganza… y cuando la obtuvo no consiguió la recompensa que esperaba de ello. Uno que optó por la libertad ante la crueldad de sus actos y que sopesó la posibilidad de hacer lo correcto. Y sí, ese soy yo. Y no, no he cambiado del todo, no lo niego. Ese ser y yo somos uno, pero ahora soy yo quien toma las decisiones impidiendo que dirija mi existencia.
- O sea, que fuiste un Goa'uld hasta que… te uniste a la Tok'ra y dejaste de serlo.- comentó ella.
- La Tok'ra tuvo su tiempo oscuro también, se proclamaron ser distintos de los Goa'uld y lo fueron en muchas formas. A día de hoy no lo tengo yo tan claro. Seguro que sabes que Tatenen y su Goa'uld son uno, ¿cierto?
- ¿Eso eres tu? - preguntó ella.
- Ella fue un experimento fallido de Ra… Pero no fue el primero. Aunque su resultado fue bastante mejor, porque ahora es quien es.
- Entonces como ella, ¿tu larva está fundida a tu anfitrión?
- Físicamente sí… de ahí que como forma de vida no aparezca. Pero en teoría no. Mientras la fusión en ella es total, y tiene todo el control. En mi caso no es así.- Antea abrió los ojos como platos. Hiram sonrió ante aquella reacción.- Justamente esa es la cara que no me gusta ante esa idea.
- Perdóname…- dijo ella bajando la mirado un tanto avergonzada.- Es que bueno… tal y como lo cuentas es como si fueras una bomba andante.
- Lo soy. Pero también soy capaz de tener el control sobre ella. No siempre fue así, cierto. Pero eso ya es historia antigua. Hoy por hoy, no soy lo que era.
- Siempre me he preguntado por qué nunca he escuchado a tu simbionte, ya sabes, en modo Tok'ra, ahora uno… luego el otro... Ellos suelen dejar dar opinión a ambos.
- Créeme, no te gustaría que eso pasara.- dijo él riendo.- ¿Y ahora dime? ¿Hace esto que me veas diferente? Ya sabes, en modo… sombrerero loco.
- Yo conozco a este Hiram, y has demostrado muchas veces quién eres. Por mi parte no necesito nada más. Para mi eres desde ahora como... El chico imposible.- Hiram sonrió el comentario.
- Mejor, chica lista. Ahora toca correr y que me recuerdes...- Ella sonrió ahora ante el comentario de él.- Porque se me está cociendo el culo aquí sentado.- dijo haciendo ademán para ponerse en pie en la cornisa. La extendió la mano para ayudarla a levantarse, ella la aceptó y ambos quedaron de nuevo en pie dispuestos a seguir el corto camino que les quedaba.
- Ya estamos cerca. Sólo necesitaremos nueve o diez pasos más para pensar cómo llegar al otro lado.
- Bueno, quizás tengamos como abajo...

En ese momento el plomizo cielo gris pareció cargarse de estática, y varias chispas comenzaron a saltar como fuegos artificiales… Ambos miraron hacia Mira, el espejo parecía ser quién provocada aquello. Segundos después el enorme menhir comenzó a temblar.

- ¡Corre, corre, corre, corre…! - apremió Hiram haciendo que Antea no se lo pensara dos veces. Aquel enorme trozo de piedra suspendido en el aire parecía que iba a derrumbarse en cualquier momento. Los dos, con el cuerpo pegado a la pared y la espalda dando al vacío avanzaron tan rápido como la escasa cornisa les permitía avanzar. Se había desatado una tormenta de energía estática, y sin duda parecía que aquel lugar iba a caerse a pedazos. En un par de ocasiones ambos tuvieron que agarrarse debido a los temblores, pero lograron alcanzar el borde del menhir y mirar hacia Mira, hacia el espejo y hacia la energía que parecía haberse acumulado entre ambas rocas.

- ¿¡Y ahora qué!? - Gritó Antea cubriéndose los ojos ante los fogonazos.
- ¡Esa zorra de Shibila ha activado el espejo! - gritó Hiram.- Hay que pasar… ¡Hay que hacerlo ya! ¡Parece como si se estuviera sobrecargando el sistema de funcionamiento del espejo!.- Antea tanteo delante de ella, esperando tener suerte. Y la tuvo… alguna especie de estructura invisible entre ellos. Y como abajo, allí estaba. Buscó con la otra mano la baranda, pero sólo atinó a tantear un lado. El enorme menhir dio un tremendo bajón e Hiram viendo que Antea parecía estar agarra la empujó levemente para apremiarla a avanzar.
- ¡Esto se viene abajo! - gritó ella tratando de avanzar. Estaban a escasos diez pasos de alcanzar Mira, el hueco y el espejo en su interior que emitía fuertes chispazos haciendo que el pelo de ambos se erizara.
- ¡Y nosotros también! - gritó Hiram tras ella. Antea avanzó sujeta sólo de un lado. Y rezo… rezó para sí misma esperando que el asidero al que tenía sujeta la mano no se acabara. Hiram avanzó tras ella pegado, con una mano en el hombro de ella y otra en la barandilla invisible. Avanzaron torpemente cuando la luz en Mira se acumuló de tal forma que hacía daño a la vista. Antea llevó la mano hacia adelante esperando alcanzar así antes el espejo. Un fuerte temblor, que parecía el definitivo la hizo perder momentáneamente el equilibrio e irse hacia un lado. Suspendida en el aire para cualquier observador de abajo, Hiram la sujetó por el hombro con fuerza… estaban tan cerca y aquello no daba ya ninguna oportunidad más. Tiró de ella hacia la posición de equilibro y la propinó un fuerte empujón seco en la espalda, que Antea sintió casi en la médula. Salió despedida hacia adelante con la mano extendida. La carga eléctrica fue tremenda, pero alcanzó a tocar con su mano la superficie pulida del cristal y desapareció ante los ojos de Hiram que permanecía justo detrás.
Se produjo un enorme bajonazo bajo sus pies como si ya no hubiera nada, aunque aún sentía estar apoyado en la estructura, flexionó las rodillas para impulsarse tras dar un paso firme hacia adelante, sentía que caía aunque no tenía muy claro si hacia adelante o hacia abajo… incluso si era en ambas direcciones. Estiró la mano, tanto que le dolieron las articulaciones. Aquello era un salto de fe, uno absoluto.



Antea se giró en el suelo, estaba sobre una roca tremendamente dura con la que se había golpeado de lleno. Levantó su arma y apunto aún desde su posición a todos lados esperando que Shibila le saltara encima en cualquier momento. Oía el ruido de pájaros, veía rocas a su alrededor y en ellas unos símbolos que emitían una extraña luz. Miró a su alrededor… estaba sola. Hiram no estaba. Trató de evitar sentir pánico. El Tok'ra iba detrás. Iban pegados. Él la había propinado el impulso suficiente como para alcanzar a tocar el espejo y saltar a aquel otro extraño lugar. Aún sentía el pelo erizado en los brazos… pero ¿dónde estaba Hiram si iba tras ella?

Y entonces el pánico se apoderó de ella.


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